18.5.09

ARPONES


Arreciaba como el poniente por las arenas. Su bravura era incuestionable y venía directo hacia mí. Seguro en su intención y cogerme de lleno, para atravesarme con una de sus astas. Mi trabajo era el mismo, o parecido. Pretendía colgar de su lomo varas de cedro con arpones de cinco centímetros hierro cada uno, disimuladas por los llamativos colores del papel seda con que estan forradas.
Ví como irremediablemente se aproximaba y sentí como el corazón se salía del pecho. Él tenía el lomo ensangrentado, por las dos primeras banderillas que le había propiciado mi compañero. Su mirada me hablaba de rabia, dolor y venganza que emanaba en forma de espuma por su boca.
Prácticamente volé y en milésimas de segundo me sentí con derecho a manifestar mi poder sobre aquella criatura...

1 comentario:

  1. Ese es el gran problema del torero: se ve con derecho a dominar y subyugar al toro.El pobre animal simplemente se defiende.

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