1.2.10

Arrojado

Lo había escupido la bahía. Había un centenar de ellos en su seno y ya estaba harta de que merodeasen en su magnífica panza, donde los hombres, lanzaban sin ton ni son, cantidades incalculadas de residuos tóxicos. Sus aguas quietas, hartas de tanto trasiego, aprovecharon un día de temporal para arrojar a uno de las decenas de buques que, a diario, molestaban sus sosegadas aguas e irrumpían en su placentero sueño, junto al peñón.
Una noche en la que el temporal arreciaba en la costa, aprovechó el oleaje para enviar un mensaje de hastío a los hombres. Estaba asqueada de ver en lo que la habían convertido. Una bahía que había perdido la belleza, poblada por el metal y el petróleo; saturada de basura, invisible para los gobernantes de la comarca, a la que un día hubo abrazado amable con sus aguas y ahora, poco menos que detestaba, por el maltrato recibido.
Así que ni corta, ni perezosa, decidió expulsar el barco, arrastrándolo hasta la arena, repitiendo el mismo proceso sufrido en incontables ocasiones, a lo largo de los últimos tres años.
Ingenua, creyó que así, mantendría ocupados a los hombres durante algún tiempo...

30.12.09

Los cuatro magníficos


Cuando alzó la mirada, vislumbró cuatro figuras que le dejaron sin aliento.
Gran parte de las nubes que ese día poblaban el cielo de Madrid, habían cubierto parte de los rascacielos, por lo que imaginarse su altura, suponía un esfuerzo poco menos que vertiginoso.
Otra imagen le vino a la mente: 12-s... y un escalofrío le recorrió toda la columna, hasta instalarse un nudo en la garganta.
Por unos instantes, supuso lo que debía haber sido ver las torres gemelas caer, a pocos metros de distancia. Tuvo que ser una impresión indescriptible y difícil de olvidar.
Aquellos cuatro magníficos edificios, saludaban a los habitantes de la capital, con majestuosidad, en un atisbo de indulgencia hacia los pequeños habitantes, que volvían sus miradas para contemplarlos.

El molino del tiempo...


Esta fue la primera imagen, un tanto borrosa, que vio en el horizonte, al levantarse tras su pérdida de conocimiento...
Se había chocado, contra lo que en un principio creyó haber reconocido como uno de"sus viejos molinos de la Mancha".
En realidad, no tenía muy claro lo que percibían sus pupilas. Reflexionó por unos segundos y concluyó que había dado un salto en el tiempo.
Sus largas barbas blancas habían desaparecido. Ya no iba montado en un enjuto corcel, cuyas patas habían sido sustituidas por cuatro ruedas de tracción. Acompañado por Sancho en sus "locas andanzas". Su compañero de la universidad, lo había seguido durante todo el camino montado en su "chopped".

Sin una respuesta coherente a los sucedido, Alonso salió de su vehículo y contemplo la belleza del gigante...

22.12.09

Indómitos


Como animales indómitos. Así pelearon aquel día. Nada sirve ante la violencia. Todo es inútil, cuando no exíste el diálogo. Solo levantar la mano y olvidar la sagrada libertad de expresión. Las reivinidicaciónes se hicieron hostíles, ante una manada de lobos hambrientos por infringir dolor. El espejo de la democracia brilla por su ausencia en estos casos, donde las reivindicaciónes pacíficas, son contestadas con violencia. ¿Como hemos de actuar, pues?

La pregunta surge cuando el comportamiento, ni es el adecuado, ni es el correcto por una de las partes, donde los ciudadanos, exháustos de reivinidicar sus derechos, optan por pedirlo voz en grito por las calles de su ciudad.

Y la respuesta de la autoridad no se hace esperar. Los palos frenan las ganas, convirtiéndolas en desaliento, para que la próxima vez, se elimine todo rastro de reveldía en sus ideales.

3.11.09

Sin lágrimas

Se había dejado en el camino todas las lágrimas y cuando llegó al puerto de Tarifa, tuvieron que administrarle de las que denominan artificiales, para que pudiera terminar de desahogarse…

Fueron muchos los miedos e incertidumbres que poblaron su mente, a lo largo de la insufrible travesía, en la que no dijo palabra alguna. No expresó siquiera un quejido. Tan solo se limitó a llorar.

Sus lágrimas se hubieron vertido impasibles en el mar, para engrosar los 14 kilómetros que separan la península ibérica de África, su continente de origen. Una travesía en la que años antes, habían perdido la vida su mujer y su hijo de dos años de edad.

Se había prometido que cruzaría ese “maldito tramo” y alcanzaría sano y salvo la costa. Lo haría en silencio, por las almas que se quedaron en el camino. Por eso, cuando alcanzó tierra, ya no quedaban lágrimas en sus ojos.
Las había derramado en el cementerio flotante del Estrecho…

Oídos sordos

Se quejaba pero nadie le oía…

Arrancaban de su superficie aquella marea negra, que ciertas personas habían arrojado a sus mares. Apenas sin oxígeno para sobrevivir y los pájaros y peces que se acercaban hasta la superficie, perecían por necesidad...
Algunos de sus habitantes, intentaban corregir lo que otros habían dañado y retiraban a duras penas, los restos del líquido pastoso y apestoso que había arrasado con todo minúsculo ser viviente hallado a su paso.
Se quejaba y como nadie le parecía oír, decidió dar una lección a quienes no cesaban en su empeño por destruirle. Así que inició un ciclo de calamidades, al objeto de llamar la atención de aquellos minúsculos parásitos, causantes del daño infringido...

27.9.09

Un arcoíris muy especial...


Miró al cielo y gritó: ¡ha salido el arcoíris!

El hijo de uno de los pilotos sonrió. Su padre le había dicho antes de subirse al avión, que dibujaría en el cielo, junto a sus compañeros, algo precioso como obsequio en el día de su cumpleaños. Martín tenía ya cinco años y una ilusión: convertirse en piloto, como su padre.
Lo cierto es que, emocionado, quiso perseguir el rastro de su padre con la mirada y no perder de vista aquellos colores, con los que había pintado el cielo para él y corrió sin mirar al suelo, hasta caer de boca. Aún en el suelo, levantó la cabeza y contempló orgulloso un regalo, que recordaría
como el más hermoso de su corta vida.

31.8.09

¿Quién dijo viento...?

¿Quién dijo viento…?
¿Quién dijo viento y luego calló...?
Calla pues, ya que la fuerza del viento os hace ir con sus mareas inhóspitas, hasta el firmamento el afán de vuestro vuelo, cometas del cielo.
Y miro...
Y os encuentro adornando el aire con celo.
Sois las gaviotas de papel que ondean en el horizonte, extenuadas por el movimiento.
¿Quién dijo viento…?
Siendo el artífice del sugerente poblado que se suspende en tan hermoso cielo.
¿Quién dijo viento y luego calló...?
Callen las bocas secas y exentas de aventura, pues este viento de locura, es el que llena tus alturas, Tarifa, de vida y color.

7.8.09

Una carrera hacia la libertad

Yo quería huir de toda aquella aglomeración. El jockey que me atosigaba de manera ansiosa, tenía otra idea de "galopar". Y yo, sólo pensaba en correr, sí, pero no parar, una vez alcanzada la meta.
Él ansioso por ganar. Yo, deseoso de alcanzar la libertad, al margen de estrictos exámenes de velocidad. No entiendia porqué cada año, un numeroso grupo de personas se daban cita en la playa a vernos correr. Jaleando nuestros nombres a su paso y gritando eufóricos: corre, corre, corre mas!
Cada año era peor, al anterior... por eso, en esta ocasión, había decidido saltarme todas las reglas y una vez sobrepasado el límite que marcaban los hombres vestidos de verde, emprendería la huída, sin vuelta atrás y pese a lo que me exigiera el que hasta ahora había sido mi dueño, e intentaba controlar mi vida, mi libertad...

31.7.09

Tiempos de fé

Pensó que lo mejor era sumergirse en la palabra y ni corto, ni perezoso, sacó la sagrada biblia que le había acompañado durante todo el viaje y se dispuso a leer. En ningún momento tuvo cabida la duda. La fé había sido su compañera mas fiel, en la angustiosa travesía, que le trasnsportó a la otra orilla. Leía y alimentaba su creencia, acerca de un Dios que le había protegido, desde que decidió emprender la aventura.
Convencido de que las fuerzas invisibles y ángeles terrenales seguirían cuidando de él, lo primero que hizo, nada mas tocar tierra, fué abrir el libro que albergaba los pilares de su existencia.
Absorto en su lectura, parecía no haber sido rescatado horas antes, en medio del Estrecho. Mientras, su amigo, optó por soñar, una vez llegados al “paraíso prometido”...

2.7.09

El descubridor


Mirada penetrante y cruz en el pecho. Los ojos se aferraron a la novedad del territorio desconocido. Entre el corazón y la piel siempre llevará la marca de su destino que le permitió un sueño: llegar vivo. Siempre confió en conseguirlo, a pesar de lo peligroso de la aventura, cruzar la África mas profunda y atravesar en una barcaza, los famosos catorce kilómetros que habían engullido a buena parte de sus compatriotas, un cementerio marino llamado Estrecho. Incrédulo ante los hechos, reflexionó cubierto por el color humano, que abraza a los inmigrantes que como él, arriesgan todo por descubrir otra forma de vida. Llegó a Tarifa, como Cristóbal Colón al nuevo mundo, pero con una única bandera: la de la fé en los hombres.

30.6.09

Antorchas en el cielo



Cualquiera que no conociese la zona, hubiera pensado que se trataba de la llegada de los juegos olímpicos al Campo de Gibraltar, cuyo entusiasmo habría hecho encender tres antorchas en vez de una. Claro que, el humo negro que adornaba el cielo y la sustancia olorosa que impregnaba de azufre el ambiente, distaba mucho de cualquier evento deportivo.
De manera que, los despistados transeúntes del lugar, que no los habitantes escarmentados por “las habituales fugas industriales”, optaron por calificarlas de “atracción turística, típica del lugar”.
Mientras, los políticos de la zona y los empresarios, buscaban la fórmula para que los habitantes del lugar, vieran aquellas chimeneas, como un símbolo indiscutible de “la convivencia entre la contaminación y el medio ambiente”!

2.6.09

La transportadora



A menudo pensaba que había muerto y que se encontraba en el purgatorio, expiando sus pecados. La transportadora era una joven, licenciada, que había envejecido recorriendo una mañana tras otra, el mismo camino, como si se tratara de una condena a cumplir por el resto de sus días. Intentaba aliviar la pesada carga, pensando que aquel ir y venir acabaría algún día, cuando ya no despertara al alba, echara sobre sus espaldas una enorme sábana que envolvía su porvenir y el de su familia, y no tuviera que pelearse cada vez que cruzaba la frontera, con otra mujeres, que como ella, solo trataba de ganar dinero para mantener a su familia.
La transportadora llevaba sobre sus espaldas un cúmulo de decisiones que la habían situado en aquella coyuntura. Era mas joven de lo que aparentaba, pero sus huesos, molidos por el peso y la presión de su vida, le habían provocado una vejez prematura. Llevaba a sus espaldas el futuro de sus seres queridos y por ellos sería capaz de sortear cualquier obstáculo...

20.5.09

Un recuerdo infantil

Tan solo tenía tres años, pero recuerdo a la perfección el miedo que sentía...
Aquellos hombres vestidos de blanco con mascarillas, me separaron de mi madre y el miedo se apoderó de mí. Pensé que no volvería a verla. Tampoco entendía lo que hice toda una noche, arropado por mi madre en una maltrecha barca, que zozobraba por todas partes. Hacía tanto frío...
Recuerdo también que mi despertar repentino del mecido en la barca, por un estruendo que venía del cielo. Era un helicóptero, que en esos momentos no supe reconocer. En mi mente quedó grabada una potente luz que nos iluminaba, como un enorme sol que venía hacia nosotros. Los nervios se apoderaron de todos los ocupantes de la embarcación. También recuerdo que mi madre me apretó contra su pecho y oía su voz cálida murmurar, lo que luego supe que era una oración.
Cuando por fín me recogieron otros hombres, con una cruz roja en sus vestimentas y me llevaron a una ambulancia donde estaba mi madre, mis llantos se calmaron.
Hay días que recuerdo el olor a mar y noches en las que me duermo, dejándome mecer por el oleaje del Estrecho...

18.5.09

ARPONES


Arreciaba como el poniente por las arenas. Su bravura era incuestionable y venía directo hacia mí. Seguro en su intención y cogerme de lleno, para atravesarme con una de sus astas. Mi trabajo era el mismo, o parecido. Pretendía colgar de su lomo varas de cedro con arpones de cinco centímetros hierro cada uno, disimuladas por los llamativos colores del papel seda con que estan forradas.
Ví como irremediablemente se aproximaba y sentí como el corazón se salía del pecho. Él tenía el lomo ensangrentado, por las dos primeras banderillas que le había propiciado mi compañero. Su mirada me hablaba de rabia, dolor y venganza que emanaba en forma de espuma por su boca.
Prácticamente volé y en milésimas de segundo me sentí con derecho a manifestar mi poder sobre aquella criatura...