5.11.10

Aprender en el desierto...


Escribir sobre las arenas del desierto, me producía confortabilidad. Pese a la postura incómoda, pese a carecer de mesa y silla, pues no había suficientes para tantos niños.
Sentir el tacto de la arena bajo mi escueto cuerpo, me hacía sentir en casa... la arena del sáhara.
Era muy pequeña para darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor...
Cada mañana me levantaba con la ilusión de ir a mi colegio del campamento, junto a mis compañeros de otras edades, pero de la misma condición. Siempre en el suelo. Aquel cálido lugar, donde aprendíamos y captábamos con entusiasmo las lecciones del profesor.
Hoy día guardo la costumbre de dibujar en el suelo y busco, desesperadamente el calor de la gente, la sonrisa de mis compañeros de clase, la incertidumbre del mañana, en un poblado lleno de saharauis expectantes de un futuro borroso, como las tormentas de arena del desierto...

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